Realm of the Elderlings

3 obras 1995-2014

Margaret Ogden llevaba quince años publicando literatura fantástica cuando acuñó un seudónimo con el fin de explorar otros registros. Se escogió el nombre de Robin Hobb por su ambigüedad, y el volumen inaugural publicado bajo esta firma dio inicio a una serie de dieciséis novelas que someten a su narrador a un castigo mucho más severo de lo habitual en este género.

1995: un nuevo nombre para otro tipo de literatura

Ogden publicó bajo el seudónimo de Megan Lindholm desde 1983, con un tono más cercano a la fantasía urbana. La trilogía de El Vatídico exigía una voz en primera persona que mirara atrás a lo largo de los años, por lo que adoptó un nuevo nombre para no despistar a sus lectores habituales.

El Vatídico presenta a Traspié, el hijo ilegítimo de un príncipe, educado como asesino porque un bastardo resulta útil y prescindible.

Toda la narración es retrospectiva. Un Traspié maduro pone los acontecimientos por escrito, lo que significa que el lector sabe desde la primera página que él sobrevive, aunque ignora a qué precio.

Un héroe al que los libros se niegan a premiar

La mayor parte de la fantasía de aquella época impulsaba a sus protagonistas hacia el poder. Esta obra, en cambio, condujo a Fitz hacia el agotamiento: sufrió envenenamientos, palizas y traiciones por parte de seres queridos, y la misma familia que se negaba a reconocerlo lo utilizó una y otra vez.

Tampoco destacó especialmente en su oficio. Fracasó, y las consecuencias se arrastraron durante varios tomos en lugar de resolverse en el capítulo siguiente.

En El hombre pálido, Fitz reapareció quince años más tarde, envejecido y viviendo en solitario bajo una identidad falsa; y aquel reencuentro se narró como una fuente de secuelas en lugar de un triunfo.

Dieciséis novelas que dialogan entre sí

La secuencia completa abarca cinco series publicadas entre 1995 y 2017, ambientadas en un mismo mundo contemplado desde costas distintas. La trilogía de las Liveship Traders prescinde por completo de Fitz para centrarse en familias de mercaderes y naves sintientes, y sus acontecimientos no le alcanzan a él hasta tres series más tarde.

La saga de Fitz y el Otro concluyó todo el entramado en 2017, veintidós años después del primer volumen, y dio así resolución a un vínculo que los libros mantuvieron sin nombre durante todo ese tiempo.

Muy pocos autores de fantasía han contado con el beneplácito de planificar a semejante escala, y todavía menos han conseguido terminarlo. La secuencia ha superado el millón de ejemplares vendidos solo en Francia, donde apareció bajo una estructura de títulos totalmente diferente.

Por qué otros autores la citan sin cesar

George R. R. Martin ha afirmado que los libros son diamantes en un mar de circones. La influencia de Robin Hobb se concentra sobre todo en la construcción de la vida interior: la obra dedica sus páginas al dolor, al deber y a los animales, y casi ninguna a los ejércitos.

El vínculo entre Fitz y su lobo conforma el armazón emocional de toda la secuencia, y este aspecto dio pie a una infinidad de imitaciones.

Las novelas demuestran además que un género cimentado en la complacencia puede sostener a un protagonista al que se le niega casi todo lo que desea y, aun así, mantenerse vigente durante tres décadas.

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