Jurassic Park

9 obras 2 medios 1993-2025

Steven Spielberg compró los derechos cinematográficos de la novela de Michael Crichton en 1990, antes de que esta llegara a las librerías. La película que rodó tres años más tarde convenció a la industria de que las imágenes generadas por ordenador podían sostener una escena de acción real, y fijó una imagen de los dinosaurios que la paleontología lleva contradiciendo desde entonces.

Los dinosaurios iban a ser títeres

Jurassic Park se ideó inicialmente recurriendo a la animación fotograma a fotograma de Phil Tippett y a animatronics a tamaño real obra de Stan Winston. Industrial Light and Magic realizó por su cuenta una prueba con un esqueleto generado por ordenador en movimiento, y Spielberg modificó sus planes.

El metraje final contiene aproximadamente seis minutos de imágenes generadas por ordenador frente a nueve de animatronics. Tippett continuó en el proyecto para supervisar a los animadores, a pesar de que la técnica para la que lo contrataron quedó descartada.

Crichton redactó personalmente el primer borrador del guion tras vender los derechos por 1,5 millones de dólares, además de una compensación por la adaptación. La película recaudó 914 millones de dólares en 1993 y ostentó el récord de taquilla hasta la llegada de Titanic cuatro años más tarde.

Plumas y una franquicia que decidió prescindir de ellas

Los velocirraptores de la película superan con creces el tamaño del Velociraptor real, cuya altura apenas alcanzaba la rodilla; su diseño se basó en realidad en el Deinonychus. En el plazo de una década, los hallazgos fósiles demostraron que ambas especies poseían plumas.

Las entregas cinematográficas nunca se adaptaron a este descubrimiento. Colin Trevorrow declaró abiertamente en 2015 que Jurassic World no incluiría plumas, bajo el argumento de que se trataba de monstruos cinematográficos y no de recreaciones científicas.

Esta postura resulta comprensible, aunque conlleva un precio: durante tres décadas, la representación de los dinosaurios más difundida a nivel mundial ha permanecido anclada en una visión que la ciencia ya había descartado.

Cada secuela recauda más y gusta menos

El mundo perdido: Jurassic Park en 1997 y Jurassic Park III en 2001 dividieron al público, tras lo cual la saga se detuvo durante catorce años. Jurassic World la resucitó en 2015 y amasó 1600 millones de dólares.

Jurassic World: Fallen Kingdom llegó en 2018 y sacó a los animales de la isla, transformando la premisa inicial de un parque que fracasa en un mundo obligado a convivir con ellos. Jurassic World Dominion cerró dicha trilogía en 2022 con un 38 en Metacritic, la peor nota de toda la franquicia, y recaudó alrededor de mil millones en taquilla. A esta le siguió Jurassic World Rebirth en 2025.

Por su parte, Netflix captó a una audiencia a la que las películas jamás se dirigieron mediante Jurassic World Camp Cretaceous y Jurassic World Chaos Theory, unas series de animación enfocadas al público infantil.

La película que hizo creíbles las imágenes por ordenador

Antes de 1993, las imágenes generadas por ordenador se asociaban a metales líquidos y superficies brillantes. Jurassic Park las aplicó a la piel, los músculos y el peso a plena luz del día, lo que obligó a todos los estudios a replantearse sus estrategias.

Pixar trabajaba en Toy Story por aquel entonces, y la confianza de la industria en lo que un ordenador era capaz de recrear cambió por completo en un solo verano.

La novela de Crichton funciona como una advertencia sobre científicos que no se detienen a pensar si deben hacer lo que hacen. La franquicia que derivó de ella ha pasado tres décadas demostrando exactamente el mismo reflejo con sus presupuestos de efectos visuales.

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