X-Men
Marvel casi canceló el cómic en 1970. Se sostuvo a base de reimpresiones durante cinco años, y el relanzamiento que lo salvó en 1975 sustituyó a casi todos los personajes por extranjeros, lo que transformó una cabecera adolescente en decadencia en el alegato de la editorial contra los prejuicios.
1975: un equipo formado fuera de Estados Unidos
La alineación original de 1963 constaba de cinco adolescentes estadounidenses. Las ventas no se mantuvieron y la colección se limitó a reeditar números antiguos con nuevas portadas entre 1970 y 1975.
Len Wein y Dave Cockrum relanzaron la cabecera con un personaje alemán, una keniana, un ruso, un canadiense y un japonés. Chris Claremont asumió después los guiones durante dieciséis años ininterrumpidos, lo que constituye una de las etapas más largas al frente de un mismo título en toda la industria.
El cómic se convirtió en el gran éxito de ventas de Marvel en el espacio de una década. La metáfora cobró mayor agudeza con el tiempo: los mutantes nacen siendo diferentes, la sociedad los teme y el grupo debate internamente si debe buscar la integración o elegir el combate.
La serie animada llevó la metáfora a la televisión
X-Men: Evolution transformó al equipo en un grupo de estudiantes de secundaria en el año 2000 y se mantuvo en antena durante cuatro temporadas, con un enfoque más juvenil que el de los cómics, pero sin renunciar a su trasfondo político.
Wolverine y los X-Men llegó en 2008 con una propuesta más oscura: el instituto se destruye en el primer episodio y la trama avanza a partir de un futuro distópico en el que los mutantes viven confinados en campos de internamiento.
Ambas producciones se cancelaron con tramas abiertas. X-Men '97 apareció en 2024 como una continuación directa de la serie de 1992, para retomar un hilo argumental que había quedado pendiente durante veintisiete años.
Las películas llegaron antes de que Marvel supiera lo que tenía
X-Men se estrenó en el año 2000, dos años antes de Spider-Man, y demostró que las películas de superhéroes podían tomarse en serio en lugar de apostar por la autoparodia. X2: X-Men United superó a su predecesora en 2003 con una trama centrada en un registro gubernamental.
X-Men: The Last Stand cerró aquella trilogía en 2006 abordando el tema de la cura para la mutación, una premisa que los cómics ya utilizaron en su día para plantear si una diferencia debe tratarse como una enfermedad.
Fox retuvo los derechos cinematográficos durante diecinueve años, motivo por el cual los personajes brillaron por su ausencia en las películas de Marvel durante una década, a pesar de haber sido la propiedad más valiosa de la editorial en los años noventa.
Una metáfora que se resignifica constantemente
Claremont escribió a los mutantes como una analogía del antisemitismo y el movimiento por los derechos civiles. Desde entonces, los lectores la aplicaron a la sexualidad, la discapacidad y la inmigración, y los cómics se adaptaron a todas estas lecturas.
Esta elasticidad resulta insólita y un tanto cuestionable: una metáfora que encaja con precisión en cualquier grupo no encaja en ninguno. Las mejores historias ponen nombre a su tema, como sucede cuando el número tatuado de Magneto lo sitúa en Auschwitz.
Los X-Men siguen siendo el único equipo de superhéroes cuyo conflicto central no surge de un villano, sino de dos posturas encontradas sobre cómo sobrevivir al odio.
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