Más policíaca / telenovela que de superhéroes
Por cierto, Nicolas Cage también es el señor araña, pero bueno, eso es secundario 😉
Imaginen a un Spider-Man que ya colgó los trajes hace cinco años, arruinado y sumido en el duelo, que acepta casos de poca monta en un Nueva York de los años treinta que jamás existió. Esa es la premisa de esta incursión en el universo de Spider-Man a través del neo-noir, y la apuesta no conoce medias tintas: estética en blanco y negro, diseño de sonido en Dolby Atmos y un protagonista que lleva toda una carrera cultivando precisamente este tipo de melancolía propia de la novela negra.
Nicolas Cage interpreta a Ben Reilly, y ha confesado que construyó su personaje basándose en un setenta por ciento en Humphrey Bogart. La proporción es exacta. La serie prefiere los tópicos de las historias de detectives, gabardinas, humo de cigarrillo, una secretaria que sostiene la oficina, antes que el espectáculo de los superhéroes.
Reilly se ve arrastrado a la órbita de Silvermane, el hombre más poderoso de la ciudad, al tiempo que una mujer llamada Cat Hardy lo contrata para localizar a Flint Marko, quien posee sus mismas extrañas habilidades. Su mejor amigo, el periodista Robbie Robertson, y su secretaria, Janet Ruiz, completan el reducido círculo que mantiene su vida a flote.
La ficción toma a su protagonista de Spider-Man Noir, los cómics de Marvel ambientados en universos alternativos, y utiliza el material de origen más como un panel de inspiración que como un guion estricto. Se trata, además, de la primera producción de imagen real dentro del universo cinematográfico de Spider-Man de Sony.
Ocho episodios de unos 45 minutos de duración cada uno, emitidos primero en MGM+ antes de llegar a Prime Video a nivel internacional. La serie fue cancelada tras esta única temporada. Merece la devoción de los seguidores del género negro y de los completistas de Cage; menos recomendable para quienes busquen historias de Spider-Man donde las telarañas no den tregua.
Imaginen a un Spider-Man que ya colgó los trajes hace cinco años, arruinado y sumido en el duelo, que acepta casos de poca monta en un Nueva York de los años treinta que jamás existió. Esa es la premisa de esta incursión en el universo de Spider-Man a través del neo-noir, y la apuesta no conoce medias tintas: estética en blanco y negro, diseño de sonido en Dolby Atmos y un protagonista que lleva toda una carrera cultivando precisamente este tipo de melancolía propia de la novela negra.
Nicolas Cage interpreta a Ben Reilly, y ha confesado que construyó su personaje basándose en un setenta por ciento en Humphrey Bogart. La proporción es exacta. La serie prefiere los tópicos de las historias de detectives, gabardinas, humo de cigarrillo, una secretaria que sostiene la oficina, antes que el espectáculo de los superhéroes.
Reilly se ve arrastrado a la órbita de Silvermane, el hombre más poderoso de la ciudad, al tiempo que una mujer llamada Cat Hardy lo contrata para localizar a Flint Marko, quien posee sus mismas extrañas habilidades. Su mejor amigo, el periodista Robbie Robertson, y su secretaria, Janet Ruiz, completan el reducido círculo que mantiene su vida a flote.
La ficción toma a su protagonista de Spider-Man Noir, los cómics de Marvel ambientados en universos alternativos, y utiliza el material de origen más como un panel de inspiración que como un guion estricto. Se trata, además, de la primera producción de imagen real dentro del universo cinematográfico de Spider-Man de Sony.
Ocho episodios de unos 45 minutos de duración cada uno, emitidos primero en MGM+ antes de llegar a Prime Video a nivel internacional. La serie fue cancelada tras esta única temporada. Merece la devoción de los seguidores del género negro y de los completistas de Cage; menos recomendable para quienes busquen historias de Spider-Man donde las telarañas no den tregua.
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