Charlie Brooker
Una antología donde cada episodio toma una tecnología y la lleva hasta su peor conclusión verosímil: Charlie Brooker escribe las consecuencias.
Brooker creó Black Mirror, una ficción sin un reparto fijo en la que cada episodio aísla una premisa tecnológica concreta y la exprime sin piedad. Su gran virtud es el rigor: la tecnología siempre resulta verosímil, los personajes actúan con sensatez y el terror surge de esa combinación antes que del artificio.
Background and Influences
Procedente del periodismo de videojuegos y la crítica televisiva en el Reino Unido, donde firmó columnas satíricas durante años antes de dar el salto a la televisión, su pasado cómico sigue latente en el ritmo de la serie y en su particular crueldad. Su referente declarado es la televisión de antología de los años cincuenta y sesenta, sobre todo en lo que respecta a su disposición a cerrar un episodio de la peor manera posible y sin conceder ningún tipo de epílogo.
Estilo y Temas
Temas recurrentes: la complicidad, la gente corriente que toma decisiones individualmente razonables con resultados colectivos desastrosos, y los sistemas sociales adoptados de forma voluntaria. Sus episodios se estructuran como una escalada con un giro final, y se niegan sistemáticamente al consuelo que la televisión en formato de antología suele ofrecer al cabo de una hora.
Legacy and Influence
Su serie se ha convertido en un referente cultural indiscutible sobre la inquietud tecnológica, hasta el punto de que su título se emplea ya como adjetivo. Consiguió revitalizar el formato de antología a escala internacional y demostró que noventa minutos autoconclusivos bastaban para cautivar al público sin necesidad de un reparto fijo.
A quién va dirigido
Para quienes buscan una ciencia ficción carente de todo consuelo. Una propuesta ideal para quienes prefieren las historias autoconclusivas frente a las tramas kilométricas, y que desaconsejamos tajantemente a quienes busquen optimismo de cara al futuro próximo.